Columna
El agua: recurso vital en crisis
El agua es el recurso más esencial para la vida, pero hoy se encuentra bajo presión extrema: la escasez, la contaminación y la mala gestión amenazan el derecho humano al acceso al agua potable. En México y en el mundo, millones ya viven esta crisis. Si no actuamos ahora, la situación se agravará con consecuencias irreversibles.
En México, alrededor de 10 millones de personas carecen de acceso al agua potable (INEGI, 2019). (Aunque ese dato se cita frecuentemente, también aparece en una recopilación de datos nacionales como estimación vigente.) (DAPA, s.f.) Además, en 2023, del total de agua extraída del medio ambiente para uso humano y productivo, el 32.2 % fue consumido por el sector agropecuario (INEGI, 2025). Eso revela la fuerte competencia entre usos agrícolas, industriales y domésticos. También en ese año, el costo asociado por el agotamiento del agua subterránea y la degradación de agua superficial ascendió a 102 029.4 millones de pesos —equivalente al 0.32 % del PIB nacional— (INEGI, 2025).
Estos datos no son solo cifras: son historias de familias que caminan kilómetros para conseguir agua, comunidades que dependen de pipas, poblaciones rurales vulnerables que consumen agua sin garantía de potabilidad. La crisis hídrica obedece a factores múltiples: el cambio climático altera los ciclos de lluvia, generando sequías más severas; la contaminación industrial, urbana y agrícola degrada ríos y acuíferos; la sobreexplotación de fuentes subterráneas supera su tasa de recarga; la infraestructura envejecida y con fugas desperdicia enormes volúmenes del recurso.
En el plano social y político, emergen conflictos hídricos: comunidades que se enfrentan a grandes corporaciones que extraen agua para embotellarla, agricultores que pelean con la industria por caudales y ciudadanos que demandan una distribución más equitativa. El agua ya no es un bien abundante: es estratégico, motivo de disputas sociales y económicas.
Para enfrentar esta crisis, los especialistas advierten tres ejes urgentes:
Reconocer el acceso universal al agua potable como un derecho humano, garantizando su cantidad, calidad, accesibilidad, aceptabilidad y asequibilidad.
Mejorar la gestión e infraestructura hídrica, reparando fugas, ampliando sistemas de tratamiento, captando agua de lluvia y fortaleciendo redes eficientes.
Formular políticas sustentables que integren la variabilidad climática y promuevan el uso responsable en todos los sectores (doméstico, agrícola, industrial).
No estamos ante una crisis lejana: es una urgencia presente. Cada litro desperdiciado o contaminado nos acerca a un escenario crítico. Si seguimos postergando soluciones, no hablaremos solo de sequías: hablaremos de ciudades enteras inhabitable o socialmente fracturadas.
Pensar en el agua es pensar en nuestra propia supervivencia. Cuidarla no es acto heroico, sino un deber colectivo. La crisis hídrica es real y ya está aquí; afrontarla no espera.
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